Información: Control vs Apertura
El movimiento Open ha supuesto un proceso de empoderamiento ciudadano; una conquista de nuevas esferas de participación en la vida de pública, de contrapartida frente al poder ommímodo de la administración pero también de las corporaciones. Se trata de un proceso dialéctico de control frente a apertura. La lucha por el control de la información es un elemento clave nuevamente.
En el enorme flujo de datos que produce nuestra sociedad, no cabe duda de que hasta ahora, y posiblemente en el futuro, han sido las empresas y los estados los que ha obtenido un mayor resultado de esta ingente cantidad de información disponible en la Red. A modo de ejemplo, en el caso de Twitter, la información que se visualiza es infinitamente inferior de la que maneja la propia empresa para ofrecérsela a los sistemas y agencias de mercadotécnica, y esto sucede así en la mayoría de los casos.
“En la economía de la información, las empresas consiguen su meta de hacer dinero intentando ser propietarias de información a través de patentes, marcas registradas, copyrights, derechos de autoría, contratos de no revelación y otros medios similares” (Himanen, 2002, p. 65)
La propuesta, por tanto, se acerca más a la ética hacker que a las propias del mercado. En la metáfora de Himanen, se trata de aproximarse a la academia, donde siempre ha estado o debiera estar el ejercicio del Periodismo, para alejarse del Monasterio.
El comunicador, como el científico, debe aprovechar la oportunidad que le ofrece este nuevo acceso a la información básica y tomarlo como un valor ético, moral, de contribución social. Un proceso de investigación que, siguiendo la teoría funcional-estructuralista sistémica de Merton (1985), debe encaminarse a una constante depuración de errores; la ética científica como soporte de una ética de la comunicación.
Esta depuración de errores, junto al “libre acceso o la transparencia de la información” son los elementos esenciales que conforman ese “escepticismo organizado” que debe fundamentar la acción informadora que surge del tratamiento de los datos. Un diálogo constante y crítico con estos, con sus contradicciones, pero también con los otros, con el colectivo de informadores, pues sus resultados deben conformarse colectivamente y “sus fallos e imperfecciones son detectados y gradualmente depurados mediante la crítica del conjunto de la comunidad” (Himanen, 2002, p. 88)

